«Juan Pablo es el médico que yo quería ser».

-Dijo uno de sus compañeros.

De veinte años. Con ganas impresionantes de aprender. Hermano de mi esposa.
Que pasaba su tiempo libre investigando acerca de medicina.

Yendo a las reuniones de jóvenes salesianos. Para aclarar: viene de San Francisco de Sales y San Juan Bosco
Miembro activo en misiones de Semana Santa, sobre todo en lugares donde hacia falta un respiro e inspiración para niños y jóvenes.

Tenía un negocio de cerveza artesanal en ese entonces, mientras que trabajaba en gobierno.
Sin embargo en veces no podía llegar temprano al negocio y atenderlo, por la carga de trabajo.

Él me dijo: Yo voy y te echo la mano. Si quieres abro y atiendo clientes mientras que tú llegas.

Así lo hizo durante tres meses. Sin cobrar un solo peso. Sin querer aceptar uno solo como compensación.

Juanpenas estaba emocionado. Se venía Semana Santa otra vez. ¡Otra vez misiones!
Le gustaba mucho irse de misiones en Semana Santa. Sobre todo ayudar.

Pero ya no pudo ir. No alcanzó.

Una enfermedad rara que los médicos nunca lograron establecer. En el hígado al parecer. Le gano el tiempo.

En la capilla de velación recuerdo, llegaban y llegaban su amigos. De la universidad. De la prepa. Del grupo de jóvenes.

El sacerdote que les organizaba y formaba para irse de misiones – un padre muy joven- pidió permiso para hacer la misa de envío de los misioneros en la capilla. Con el cuerpo de Pablito presente. Él también era parte de ellos. Supongo que él además de su cuerpo, sin duda, él también estaba ahí.

Después de eso, se fueron de misiones. Pero creo que él partió antes.

Sentía dolor. Pero no podía calcular el dolor que vivía su madre. Su padre. Era el único hijo varón.

Recuerdo estábamos en el hospital el día anterior -por la noche-, cuando mi suegro por teléfono hablo con su jefe superior y le dijo que no iba ir a trabajar mañana.


-Licenciado, no voy a ir a trabajar… ¡se murió mi hijo… ! Después de eso no pudo terminar de hablar. Durante la llamada se quebró. En dolor. En llanto. Ví cómo se derrumbaba un hombre. Un papá. Un ser humano.

¿Por qué te platico esto?

Continuo en la misma línea. Era difícil llegar a navidad y año nuevo en familia y experimentar la ausencia de Pablo -yo le decía Juanpenas, mi esposa Pablito, algunos JuanPa- y sin duda, la sensación de tristeza.

Su mamá y su papá buscaban pasar fuera de casa las navidades y año nuevo estos días. Por lo tanto siempre estaban de viaje.

Nos reuníamos otro día.

Principalmente el día de reyes. Que es una celebración con poca carga emocional. Al menos para nosotros que no lo celebramos tanto como en otras regiones.

Tres años después. La herida aún seguía fresca. En una llamada dijeron que regresaban el día cuatro de enero y que si nos podíamos reunir par darle los regalos de navidad a los chaparros.

Nos vimos el día de reyes.

El aire de nostalgia y tristeza flotaba en el ambiente.
Durante la cena, mi cuñada -la más grande- dijo que si cada quien quería decir algunas palabras o sus deseos de año nuevo estaría padre.

Empezó a hablar mi suegro. Al final se le quebró la voz. Su tristeza le hizo parar.
Mi suegra no quizo hablar.
Mi esposa sí hablo, aunque con lágrimas en los ojos. Yo también. Y así nos fuimos cada uno hasta llegar entonces a mi cuñada.

Tomó un respiro. Bajo su mirada. Y dijo:

-La vida tienes que vivirla. No importa de la forma que sea.
-Tienes que seguir adelante. Hay siempre obstáculos. Siempre habrá pruebas del señor y también cosas que no están en nuestras manos solucionar.

-Si quieres reír; ríe.
-Si quieres viajar; viaja.
-Si quieres bailar; baila, no importa dónde estés.
-Si quieres llorar; llora.

-Por que la vida es…

Mientras dirigía su mirada hacia arriba buscando en su cabeza, en su memoria la palabra adecuada.

-La vida es…

En ese momento se escucho una voz pueril -infantil- desde la parte de atrás de su silla y de atrás de todos nosotros, una vocecilla que dijo:

¡Intrépida, la vida es intrépida!

Todos giramos nuestra cabeza hacía atrás de ella.

Estaba mi chaparro. De tres años y medio de edad. Tres años

El chaparro que nos dijeron en la guardería que era un niño que-no-iba-a-hablar y que tenía un problema de lenguaje.

¡Intrépida, la vida es intrépida!

Dime, ¿de dónde carajos un niño de esa edad saca que la vida es intrépida?
¿De dónde?
¿Dónde lo escuchó?
¿Por qué carajos la dijo?

¿Por qué en ese momento?

Todos nos sorprendimos. Y sonreímos con los ojos llorosos aún.
Mi cuñada reventó en lágrimas y con sus manos señala al niño.

-¡Así! -continuo. ¡Así!
-¡La vida tiene que ser intrépida. ¡No dejes de hacer lo que quieres! ¡Haz lo que amas! ¡No dejes de ayudar a las personas. Pablito lo hizo! Entonces, las lágrimas rodar por su mejillas.

-Hasta el niño, que es inocente lo entiende.

Hay momentos que marcan nuestras vidas. Este lo hizo.

Quería hacer algo intrépido. Algo que marcara la diferencia.

Por esto. Por esta anécdota se llama mi marca «intrepid».

En primer lugar para recordar que la vida apenas es un suspiro. Y que sin duda puede terminar en cualquier momento.
Que puedo hacer la diferencia y cambiar vidas.
En segundo lugar. Por que puedo ayudar a personas y de paso obtener ganancias por esto.
Y por que quiero.

Alguien me dijo que el sito web que tuviera una extensión diferente a .com no podría llegar lejos.

-¿Ah no? Mira cómo lo hago. -Dije
Lo demás es historia.

Termino.

En la guardería nos dijeron que el chaparro era probable que tuviera algún tipo de problema del habla. Nos indicaron ir con una psicóloga. Por lo tanto, lo llevamos.

La psicóloga dijo que estaba así por que tuvo algún problema familiar. O escuchó alguna discusión fuerte por nuestra parte y tenía ese problema.

Nos quedamos viendo mi esposa y yo a la psicóloga. Ok. -Dijimos. Nosotros le avisamos. Nada mas alejado de la realidad que su diagnóstico.

Con todo esto, nos recomendaron a un terapeuta del lenguaje. Trabajó en Teletón. La terapia del lenguaje duró un año. Sin problemas psicológicos o daño cerebral. Sin nada. Y lo más importante, va a hablar cuando quiera hablar. Nos dijo el terapeuta. Lo más importante: No tiene ningún problema.

Ahora. Cada vez que expone su tarea en clase nos sorprende que es de los niños que recibe felicitaciones por sus exposiciones y de cómo las explica.

¡Intrépida! ¡La vida es intrépida.

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